Prim y el editorial de ‘El País’

El editorial de hoy de El País. No hay socialismo español sin el PSC, dicen, y se sitúa entre “los jacobinos” y “los más federales”. ¡Qué alguien me presente a los primeros! La voz publicada de la familia socialista considera que es “manejable” que el PSOE sufra un par de crisis devastadoras -una es la presente- en su relación con el PSC cada 40 años. ¡Quia! Solo hay que contar en el Congreso de los Diputados las sillas con una rosa roja para comprobar cuan erróneo anda el editorialista. ¿Y qué decir del Parlamento de Cataluña? Pese a esto, lo más lamentable del texto de El País es el olvido y las anécdotas elevadas a categoría: “De hecho, no ha habido ningún primer ministro catalán desde el general Prim, hace ya algún tiempo. Mejor que nadie juegue con fuego”. Estanislao Figueras y Francisco Pi i Margall. Así está la familia socialista. Pero no importa, con fuego se queman otros.

El porqué del PSC

La aritmética parlamentaria surgida tras las elecciones generales del 26J dejó al PSOE como (único) árbitro para formar el próximo gobierno o para determinar si los españoles acudiremos a las terceras elecciones generales en un año.

No hay combinaciones reales que no pasen por una decisión del PSOE. Veamos.

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Manifiesto para la recuperación de la Federación Socialista Catalana (FSC-PSOE)

Julio Villacorta, en el centro, durante la presentación del manifiesto. / DTG

Julio Villacorta, en el centro, durante la presentación del manifiesto. / DTG

En abril de 1977 tuvieron lugar los pactos para que el socialismo catalán presentara una candidatura única a las elecciones generales del 15 de junio de 1977, las primeras de la democracia. La intención de la futura unidad se acordó sobre dos pilares: el primero los principios de naturaleza socialista, y el segundo, las reivindicaciones siempre cambiantes del catalanismo.

Siete meses más tarde, el 16 de noviembre de 1977 dio inicio el XVII Congreso de la Federación Socialista Catalana del PSOE, en el que se debatió este proceso de unificación. Un sector crítico al proceso denunció que la dirección del PSOE en Cataluña había centrado sus esfuerzos en buscar la unidad con el Partit Socialista de Catalunya-Congrés (PSC-C) y en el retorno de Josep Tarradellas como presidente de la Generalitat, dejando en un segundo plano la infinidad de problemas que afectaban a la clase trabajadora.

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Apostar claro para luego pactar

Nadie vivo recuerda nada igual en el PSOE. Un espectáculo lamentable, tenso y barriobajero. Un ambiente conspiranoico. Increíble. Hace una semana, Pedro Sánchez se despertó como secretario general y seguro de que el Comité Federal del sábado sería duro pero con resultado final positivo. No fue así. Dimisiones, insultos, acusaciones de pucherazo, lloros, enfrentamientos… Sánchez dimitió tras perder la votación (que él había propuesto) que le abría la puerta de un congreso extraordinario y unas primarias para ratificarse al frente del PSOE. Ahora toca salvar las siglas y al partido; imprescindible para los ciudadanos y para el buen gobierno. Releer a Ramón Rubial, escuchar a Josep Borrell, alejarse de los frentismos, encontrar puntos en común, resolver el tema gobierno-PP-Rajoy, combinar lo nuevo con la experiencia y, quizás, ordenar el partido empezando por Cataluña, donde se atisba la próxima revolución interna. Es el momento de definir la socialdemocracia española, establecer objetivos reales, no demonizar al centroderecha nacional y a la vez defender el pacto con la derecha nacionalista y no evidenciar bandazos que los votantes no entienden. El PSOE no está muerto pero sí en la UVI tras un trágico viaje a ninguna parte. Toca ser claros y apostar. Luego, negociar y pactar.

De mentira en mentira

Hoy aparece en las páginas de El Mundo (también en su versión digital) una carta abierta del diputado autonómico del PSC Carles Castillo a Susana Díaz, presidenta de la Junta de Andalucía y líder del PSOE en esta región. En la misiva, básicamente, Castillo reprocha a Díaz que ignore la realidad de España, que aquel define como “plurinacional”, y que, escuchando “a algunos compañeros y compañeras socialistas”, cuando hacen “apelaciones a la unidad española” tiene la sensación -el diputado autonómico- de que están “exigiendo vetos, volando puentes, obviando posibles consensos, queriendo imponer una visión de España que, mucho me temo, en Cataluña es cada vez más minoritaria”.

Más allá de este reproche interno elevado al debate público y que no argumenta con datos, lo que cabe destacar de la carta es que, en resumen, es mentira la premisa que utiliza Castillo para cargar contra Díaz. Debo confesar que tengo una enorme simpatía por el diputado autonómico tarraconense, del que no dudo de su sinceridad cuando afirma que rechaza sin ambages la ruptura territorial de España. Pero es mentira que el PSOE haya aceptado y definido en congresos y conferencias la plurinacionalidad de España. Y menos, aún, que así lo defiendan los socialistas en la mencionada Declaración de Granada, de la que ahora se cumplen tres años (6 de julio de 2013).

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El síndrome

Que quede claro: Ciudadanos está en contra de la inmersión lingüística obligatoria en Cataluña. Nadie debe dudar de esto. Y dejémoslo dicho también, ya: para Ciudadanos, que se aplique este sistema educativo -pese a lo que han ordenado los tribunales de justicia- no es una línea roja para negociar un posible gobierno en España.

Así lo han señalado, directa o indirectamente, los dirigentes de la formación naranja en las últimas semanas. Carlos Carrizosa, en declaraciones a El País (28 de febrero): “No puedes estar con un mensaje unívoco en cosas que no son prioritarias para la sociedad”. Se refiere a la defensa del bilingüismo en Cataluña. Poco después, en rueda de prensa (domingo, 6 de marzo), el mismo Carrizosa confirmaba que el pacto con el PSOE no toca la inmersión lingüística en las escuelas de Cataluña. Si Ciudadanos quiere crecer, viene a decir la dirección del partido, la formación debe abandonar ciertas posiciones aunque estas sean nucleares y fueran motivo para su fundación a partir de 2005.

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Montilla tenía razón

Ganó Alfredo Pérez Rubalcaba y en el PSC esperan una travesía del desierto como nunca se ha visto en la calle Nicaragua. Sin la Generalidad, sin el Ayuntamiento de Barcelona, sin la Diputación de Barcelona, sin cargos que enviar a la Moncloa y ministerios varios. 487 delegados votaron por él y 465, por Carme Chacón. Ya se sabe que no ha sido la votación más ajustada ni tampoco se ha votado contra una catalana. Pero, ¿se ha votado contra el PSC?

Hasta esta cita socialista, el PSC supo pujolear y jugar con todos los candidatos en liza a hacerse con la Secretaría General del PSOE. Esto no ha ocurrido en esta ocasión. Todas las manzanas se han puesto en el mismo cesto.  A lo mejor dentro de un tiempo se sabrá si, finalmente, los delegados del PSC al congreso del PSOE votaron todos (menos uno) a Chacón. Fueron 101. Todos los cálculos indicaron antes del cónclave que 100 de esos votos iban a la dirigente del PSC. Nadie lo ha desmentido tras la victoria de Rubalcaba.

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Zapatero, la mejor opción

Zapatero dirá el 2 de abril que no repite a una posible reelección. Así se filtró a tres periódicos (El País, El Mundo y Público) este domingo. El objetivo sería despejar la duda antes del 22 de mayo, fecha para las elecciones municipales y autonómicas (menos en Cataluña, País Vasco y Galicia). Según esta información, Zapatero basa en tres aspectos su decisión política: (1) las encuestas son malas para él (y para el PSOE) y no hay visos de mejora, (2) las expectativas económicas no son buenas y (3) la presión interna del partido, para que tome una decisión lo antes posible, es ya casi insoportable. Al ex ministro de Administraciones Públicas Jordi Sevilla (PSOE) no le parece una buena decisión, lo explica aquí. En diciembre de 2009, el profesor de Esade José Luis Álvarez advertía en las páginas de El País: Zapatero no debe repetir en 2012 y debe abrir el proceso de sucesión lo antes posible. Queda solo un año para las elecciones de 2012 y Zapatero y el PSOE deben decidir.

1. José Luis Rodríguez Zapatero. Sería la mejor opción para el partido a medio plazo. Todo indica que el PP volverá a la Moncloa. El sistema electoral y de partidos en España no da para mucho juego. Se suele votar a la contra (“al menos malo”, se suele decir) por lo que el handicap para el PSOE no es solo la marca Zapatero, son los ochos años de Gobierno. Si el presidente y líder del PSOE gana en 2012, mete al PP en una crisis interna y un sálvese-quien-pueda sin precedentes. Si la apuesta es Zapatero’12 y no gana, el PSOE tiene justificada la renovación. No dejaría lastre para el candidato de 2016. José García Abad explica en su Maquiavelo de León (2010) que Zapatero es un animal político: si se presenta es para ganar. Su decisión será más demoscópica que conveniente para el partido.

2. Alfredo Pérez Rubalcaba. Es el nombre que más suena desde hace unos meses. La última remodelación del Gobierno lo situó de ministro del Interior, vicepresidente primero y portavoz. Es el hombre fuerte del Gobierno. Es el Gobierno, incluso. Tiene la mejor agenda de contactos de España. Un estadista de los de la vieja usanza. La información es poder y Rubalcaba es sinónimo a información. Se siente cómodo en un segundo plano. Sin embargo, tiene un gran problema para ser candidato del PSOE, su pasado. Algo irreparable políticamente. Fue ministro y portavoz en los gobiernos de Felipe González. Demasiado fácil para el PP. Sería su última oportunidad de liderar una candidatura.

3. José Bono. Siempre dispuesto. Tiene su espinita clavada. Perdió el 35 congreso del PSOE por cuatro votos contra Zapatero. Si bien este le ha recompensado oportunamente (ministro, primero, y presidente del Congreso, después), sueña con ser presidente del Gobierno. Podría ser una opción de transición, si Zapatero decide, finalmente, no presentarse en 2012 y -con la derrota asegurada- tutelar el camino (lo más rápidamente posible) al candidato de 2016.

4. Carme Chacón. Es la favorita de Zapatero. Mujer, joven y bien valorada en las encuestas (como la de The Wall Street Journal de 2008). La primera ministra de Defensa. Ha sido miembro de la mesa del Congreso. Y es catalana, del sector no nacionalista del PSC. Esto puede ser un handicap o una ventaja. Esa apuesta la jugará el PSOE. Cataluña no solo es un granero de votos socialistas en elecciones generales (no así en autonómicas) sino que, además, CiU evita que el PP obtenga un mayor número de congresistas que en otras CCAA. En 2008, la distancia entre socialistas y populares fue de 17 escaños. Sin embargo, una derrota en 2012 la dejaría tocada para 2016. Dependería de la ventaja que el PP obtuviera en el Congreso.

5. Un nuevo Zapatero. En 2004 nadie conocía al actual presidente. Era congresista pero el sistema de partidos permite que los electores no conozcan más que a los mediáticos o líderes de partido. ¿Alguien ha preguntado en las calles de Barcelona quién fue de dos en la lista del PSC en 2008? ¿Y de uno? Zapatero conseguía su escaño por León. Apostó en el 35 congreso del PSOE. Y ganó. Había formado un equipo que luego fue pasando por el Gobierno (Trinidad Jiménez, Jesús Caldera, Juan Fernando López Aguilar, José Blanco…) y fue quitándose de encima, mayoritariamente. Esta es la opción que defiende Sevilla. Él también formó Nueva Vía dentro del PSOE. Este hipotético candidato, como el resto, debería dar un paso al frente. Pero solo lo hará si Zapatero decide no presentarse. Todos esperan. El 2 de abril lo sabremos.

Las balanzas fiscales y el PSOE

Ya se han publicado oficialmente las balanzas fiscales (PDF), que no son otra cosa que la diferencia de la suma de lo que paga cada persona y lo que el Estado redistribuye por toda España según las necesidades, pero solo teniendo en cuenta cada comunidad autónoma. Vamos, una de esas cosas que se han inventado los nacionalismos y que incomprensiblemente el Gobierno de Zapatero ha aceptado.

No se entiende que un Gobierno, autodefinido como rojo, de izquierdas, progresista y no-sé-cuántas-cosas-más, entre en el juego planteado por el nacionalismo, de derechas por definición. En realidad, lo que se plantea con las balanzas fiscales -exactamente igual que con el tema lingüístico, deportivo o representativo, por ejemplo- es una cuestión bien sencilla: los que abogan porque los informes económicos presentados recientemente por el ministerio de Economía y Hacienda sean vinculantes no consideran que Cataluña deba seguir siendo parte de España.

El punto de partida ya nace viciado de una gran falacia. Los impuestos gravan a las personas y no a las Comunidades Autónomas (CC.AA.), de modo que hacer un estudio sobre lo que el Estado invierte en las CC.AA. dependiendo de lo que pagan los ciudadanos allí empadronados es, como mínimo, no decir la verdad de la realidad. Pero si, una vez publicadas las mal llamadas balanzas fiscales, lo que se quiere es ajustarse lo más posible a la realidad, deberán tenerse en cuenta otros estudios por comunidades, como los de la población residente, la desertización o la vejez de la población.

Pactar con nacionalistas

¿Por qué no? ¿Quién es el beneficiario del kilómetro de AVE que transcurre por la provincia de Soria? Y, por último (a tener muy en cuenta porque este será el próximo debate planteado por los nacionalistas) ¿cuál es la solidaridad que cada comunidad autónoma quiere aportar al resto del Estado? ¿Es ser muy solidario tener un 8% del PIB como supuesto déficit? ¿Y el 6% ya no sería expolio? ¿Un 4%, basta? ¿O, en realidad, lo que se quiere es que la solidaridad desaparezca?

El problema, básico y que vamos arrastrando desde que el PSOE y el PP decidieron optar al Gobierno al precio que fuera, normalmente mediante pactos temporales con nacionalistas a cambio de prebendas definitivas, es que se entra en el juego que los nacionalistas marcan. Y, encima, alentados por un Gobierno de izquierdas.

No es de extrañar entonces que el PP se diera prisa en aceptar las balanzas fiscales, si bien no como único concepto a tener en cuenta, sí aceptando que se sitúen encima de la mesa de futuras negociaciones. Cataluña, la Comunidad de Madrid, Baleares y la Comunidad Valenciana -amén de Navarra y el País Vasco, un caso flagrante de lo que es el nacionalismo decimonónico en el siglo XXI, con la bendición de la Unión Europea-, son las CC.AA. más deficitarias con el juego aprobado por el PSOE.

Confrontar gestiones autonómicas

Todas están gobernadas ahora (o lo han estado durante largas temporadas) por la derecha, y no es casualidad que las más beneficiadas por este sistema sean las que el PSOE domina con mano fuerte desde décadas. ¿A qué juega el PSOE? ¿Quiere que los ciudadanos comparemos gestión económica en las diferentes CC.AA. y veamos el color del partido que ha gobernado en ellas?

Como muy bien ha demostrado Santiago M. Vicente con el dorso de un simple tetra brick de tomate frito -tomate recogido y producto fabricado en Extremadura pero la empresa está domiciliada en Cataluña-, las balanzas fiscales son una falacia. De hecho, es totalmente incomprensible que el PSOE haya caído en oficializar las balanzas fiscales defendidas por los nacionalistas –PSC incluido-, que no van a dejar de empujar para que sean vinculantes, cuando la izquierda se las da y presume de defender la redistribución de la riqueza y apretar a los que más ganan para que la (supuesta) redistribución sea más equitativa. Por no hablar de la sustitución de las clases sociales por la frontera y el terruño.

Desde luego, las balanzas fiscales se pueden defender, e incluso pedir que sean vinculantes únicas en negociaciones (como el de la nueva financiación autonómica), pero nunca alegando que es una política de izquierdas. Se podrá defender la oficialización de las balanzas fiscales desde la derecha y desde el nacionalismo, conceptos históricamente casi sinónimos, pero que venga Zapatero y se las dé de rojo haciendo público algo que lo único que puede ocasionar es que los ricos le pidan pagar menos -o recibir más- y que los pobres se queden con menos -o no reciban las ayudas pertinentes-, no tiene precio.

Tinta Digital